LA FAMILIA, CUNA DE AMOR
Y DE VIDA
Conocemos todos la importancia del matrimonio y la familia en la vida
humana y en la sociedad. No digamos nada en la vida de la Iglesia y en la
historia del Cristianismo.
Hoy conocemos también la
fuerte crisis y disfunción de la familia y de sus valores en nuestra sociedad.
No digamos también los planes y proyectos destructores sobre la misma.
Con esta nueva sección
queremos aportar, nosotros también, nuestro granito de arena al bien del
matrimonio y de la familia, tan amenazados hoy, pero sumamente importantes en la vida de cada hombre y para la Iglesia.
No dejará de ser una luz iluminadora.
La familia es donde el
hombre encuentra la plenitud de su existencia. La familia se ha constituido
como la primera escuela de vida, es el ámbito que da pie a que la persona
descubra su identidad, aquello a lo que está llamado a ser (o comúnmente
llamado su vocación). «La familia constituye una comunidad de amor y de
solidaridad, una comunidad que no encuentra su fundamento último ni en la ley
que le otorga la reglamentación, ni en la utilidad que puedan extraer de ella
sus componentes, sino en la capacidad de amar familiarmente y de fundar sobre
este amor una comunidad de vida « (Carta de los derechos de las familias. J
P II).
La realidad de la
familia impregna a ese nuevo ser que es acogido dentro de ella. Y es por eso
que la familia se consolida como la auténtica célula-madre, no solo porque los
padres son los procreadores, sino y sobre todo, porque a ellos corresponde dar
continuidad a esta vida nacida de su amor, asegurando con su cuidado y su
afecto la construcción y formación de la personalidad total del niño. Es una
realidad social inevitable. No se escoge o se cambia de familia y es el más
permanente de todos los medios sociales, en lo que toda persona está llamada
vivir. Solo dentro del seno de la familia puede el niño encontrar todas las
energías necesarias para su formación y crecimiento. La familia, pues, tiene un
valor y una función primordiales que nada ni nadie puede reemplazar.
Así es, la familia
lleva en sí misma una serie de elementos que la definen de por sí:
a) Por un
lado supone aquella que libera a la persona del individualismo, que le
ofrece la alternativa de vivir en una comunidad de personas en donde es querido
y acogido por quien se es.
b) La familia representa la cuna del cariño,
del afecto, del apoyo, favoreciendo los vínculos afectivos entre todos sus
miembros. Y así mismo, gracias a ese cariño la persona crece apoyándose en una
base sólida.
c) Es así como logra la persona un soporte y
sostenimiento de los valores esenciales para el descubrimiento de su
identidad personal.
d) Favorece
la intimidad/interioridad. Cuando hablamos de intimidad pretendemos
sacar a la luz el elemento de la interioridad. En la sociedad en general no hay
una profunda y verdadera exterioridad, con lo cual tampoco hay interioridad.
Solo en aquel lugar en donde las personas son queridas de una forma especial,
encontramos que podemos exteriorizarnos francamente hacia al exterior. Esta es
la intimidad propia de la familia, que centra a la persona.
e) Y por supuesto La familia educa. Cuando
la familia educa, se estimula a los hijos que haga de ellos seres con
capacidades para relacionarse competentemente con el entorno físico y social,
así como para responder a las demandas y exigencias planteadas por su
adaptación al mundo en que les toca vivir. Representa pues, el escenario de
preparación donde se aprende a afrontar retos, así como a asumir
responsabilidades y compromisos.
Y he aquí donde reside
una de las primordiales funciones de los padres: la de saber enseñar a sus
hijos las conductas que les llevarán poco a poco a penetrar en esta dinámica
positiva que es la clave de la vida personal y de la vida de relación. Por ello
si la familia no sabe estar a la altura de su tarea, quedan amenazadas
su cohesión, su equilibrio y aún la propia existencia.
La familia de hoy debe
tomar conciencia, conocer y comprender, mejor que en cualquier otra época,
todas las influencias e interferencias que entran en juego, para dominar el
problema reforzando su posición y valor, preservar su estabilidad y cumplir con
plenitud su función educativa. Debe saber y poder formar los adultos del
mañana, capaces de vivir y obrar con autodominio y de asumir plenamente su
papel personal y social.
Ma Del Carmen González
Rivas
Psicóloga.
Centro de atención psicológica
Familiar. Vínculos: mcarmengr@cop.es
http://vinculos-psicologiayfamilia.blogspot.com